12 Jul 2016

Alas de Mariposa

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Paway, significa mariposa en quechua y en el Putumayo significa inspiración. Paway es un lugar encantado a orillas de la selva amazónica putumayense; es un espacio en el que se notan las miradas y cuidados de mujeres que trabajan de maneras responsables e incluyentes en torno al territorio que habitan, es un lugar desde donde nacen propuestas para vivir en un país paz.

Por: Taína Trujillo Carrasco

Mildred Alejandra Ortiz habla de la tendencia en las redes sociales y del mundo como si viviera en Bogotá. O en Barcelona. O en Montreal. Y es que para la creadora de Paway, un proyecto de ecoturismo que trabaja de maneras amigables con el ambiente y con responsabilidad social, es normal estar en contacto con gente del mundo que llega a conocer su nicho ecológico, que a su vez le cuenta a otras y así, entre la cadena humana y las redes sociales se conoce Paway.

https://www.facebook.com/Reserva-Natural-de-la-Sociedad-Civil-Paway-158254804348723/?pnref=lhc

Paway está anunciado en sitios prestigiosos de turismo mundial como un santuario ecológico que  inspira a conocer un rincón de la amazonia, dicen ellos, y nosotras decimos que también es inspirador conocer la historia de mujeres como Mildred que hacen que la ecología tenga sentido, porque es un esfuerzo para impulsar a nuestra gente y a nuestro país en tiempos en que todo mundo debe estar pensando cómo va a participar en el camino hacia la paz.

La invitación

Cuando conocimos a Mildred inmediatamente nos invitó a visitar su mariposario, “está aquí nomás a 15 minutos de Mocoa. Hay que caminar un ratico para llegar. Les va a gustar” nos dijo, mientras sus inmensos ojos acompañaban cada frase.

Llegamos a cumplir la cita en un carro de transporte público que nos dejó a la orilla de un río que se llama Pepino y que hace honor a su nombre porque es de ese mismo verde fresco. Empezamos a caminar por un sendero preparado especialmente para gente urbana, por fortuna, porque nuestros atuendos no eran precisamente los más apropiados para “entrar en la selva”.

 Escuchábamos la potencia del río que veíamos por raticos entre la vegetación. Yo no sé qué tiene la selva amazónica que sobrecoge los corazones y alegra el espíritu, pero ahí íbamos muy contentas 4 mujeres mediadoras y yo, que además iba en busca de esta historia de paz para contarla al público de La13.

?Fotos: Paway

15 minutos de caminata por un sendero hecho de piedras y escalones de concreto y, al final, apoyadas en barandales de cables ubicados específicamente para ayudar a subir las partes elevadas del terreno, llegamos al territorio de Paway.

Lo primero que vimos fue esta casa en la cúpula de esta imponente ceiba amazónica de 25 metros de altura.

?Fotos: Taína Trujillo C

‘Tal como en los cuentos de Robinson Crusoe’, me dije y no podía dejar de verla. Pero solamente teníamos tiempo para ver el mariposario y desayunar, antes de ir al aeropuerto. Era el final de dos días de trabajo intenso con Mujeres mediadoras que no podía terminar sin conocer Paway.

Mildred iba contando que la casa tiene una habitación, un baño (menos mal, dice alguien, porque qué tal bajar a hacer chichí) y obviamente un mirador para ver la selva por encima de las copas de los árboles. También me dijo que ahí se había hospedado gente famosa. ¿Cómo quién? Le pregunté inmediatamente. “A ver… Gina Parody, y cuando estaba en funciones”. Debe ser costoso, pensé en el personaje, pero ni se imaginan lo económico que es tener el privilegio de pasar una noche en la casa del árbol. No se necesita ser Ministra.

Paway
No era temporada de mariposas, pero aun así vimos varias especies volando a la altura de nuestros ojos. “Esta es una Panacea prola, yo le digo “Ladrillo” por el color que tiene por debajo”, decía Mildred en tono suave.” Por encima tiene tonos brillantes de azul: de las que criamos acá es la que más vive: 45 días. Las mariposas salen del tamaño que son: de oruga pasan a ser las mariposas que vemos. Lo que crece es la oruga”, explica la anfitriona ante alguna pregunta sobre la descendencia de la Panacea prola, porque el grupo de Mujeres Mediadoras se sumó a la entrevista.

 “Cuando compramos esta finca tuvimos que empezar a investigar, a estudiar cada especie de mariposa, porque cada una tiene una planta hospedera específica en la que pone huevos que cuando nacen son unas larvas que van creciendo gracias a que se alimentan de esa planta, hasta que se convierten en mariposas. Ellas no se equivocan de planta porque tienen unos sensores en las patas que les dicen la textura y el aroma de la hoja para saber en dónde puede poner los huevos. Si ellas se equivocaran las larvas se mueren de hambre. Son muy frágiles, si no están en su planta hospedera no pueden sobrevivir. Algunas se alimentan de las flores, son nectíferas, y también les ponemos fruta ácida, porque les encanta” y a Mildred le encanta hablar de su motivo de vida.

“El color de las mariposas tiene que ver con el de las flores de las plantas que las hospedan”, dijo Mildred y todas nos quedamos maravilladas; así es la sorpresa al salir de la ignorancia frente a este tema tan encantador.

“En Paway estamos criando 26 especies. Hemos hecho los protocolos desde que son huevo-larva-oruga-mariposa, sabemos cuánto viven, de qué, cómo. La que menos vive dura 1 día; la que más vive es la búho: 45 días, contesta rápidamente ante la pregunta de alguna.

Y vos cómo aprendiste, le pregunta Beatriz Montoya, del grupo AMOR, en el oriente antioqueño: Investigando, dice Mildred con humildad, todo lo que teníamos de información lo tuvimos que investigar en el terreno, porque por ejemplo unos decían que tal especie vivía en condiciones específicas y resulta que hay otros factores que hacen que las plantas cambien. Aquí en este “pie de monte” hay muchas especies y cada especie tiene sus particularidades locales”.

Foto: PawayEn el mariposario de Paway trabajan siete mujeres cabezas de familia desde hace cinco años; ellas son parte de la población desplazada, que es bastante en el departamento. “Trabajamos con mujeres porque son más detallistas: por ejemplo, cuando vienen a recoger los huevos ellas los encuentran con mayor facilidad que los hombres, que además de que no los ven son bruscos y los espichan, dice y se ríe divertida. Este es un trabajo de observación y detalle”.

En el grupo de mujeres, desplazadas en su mayoría por grupos paramilitares, hay historias dolorosas de las que pueblan nuestro suelo. “Una mujer perdió a su esposo y a su hijo por una mina y tuvo que irse de su pueblo porque cuando lo iba a enterrar llegaron a cobrarle los 300 mil pesos que costaba la mina, que porque la mina no era para ellos. Le dieron unas horas. Ella tuvo que irse sin siquiera poder enterrar al esposo ni al hijo”

Pero la mejor metáfora de esta historia es que, además de ser las cuidadoras de la reproducción de las 28 especies que las rodean, cuando una mariposa muere ellas recogen las alas cuidadosamente y las llevan a vivir entre resinas artesanales con las que hacen aretes para eternizar su vuelo. Yo quisiera unas pulseras, dice una; yo unas diademas, digo yo.  Al principio este equipo de mujeres hacía los aretes y se los entregaban a Mildred para que ella los vendiera, con porcentajes. Ahora ellas son las que salen a vender a las ferias, a las oficinas. Las 7 han estado durante estos 5 años. “Otras personas hacen flores con esas resinas y les ponen libélulas, avispas. Nosotras hacemos los aretes con las alas de la mariposa”, cuenta Mildred. Tan bien les va que no había producción en el momento en que estuvimos, de lo contrario habrían fotos y seguramente todas tendríamos nuestros aretes, empezando por Bibiana Peñaranda que es del grupo de mujeres llamado Mariposas, de Buenaventura, que hace un trabajo de educación para la paz muy importante en el puerto.

 “De las siete mujeres que trabajan en Paway hay una que ya tiene a su hijo en la universidad, cosa que para ella y para todas era impensable”, afirma la entrevistada.  Es que en esas regiones la vida de una mujer viuda, por ejemplo, se convierte en hacer filas para recoger ayudas.  Los gobiernos recientes han hecho que sea normal que la gente no quiera trabajar: entre Familias en acción, Sisben y la venta de minutos queda cuadrada la triste vida de las nuevas familias rurales colombianas.

Las mujeres que trabajan en Paway comparten el dolor, no importa de dónde vengan, ni qué actor armado haya transformado sus vidas. “El año pasado -sigue contando Mildred- hicimos algo bien bonito con un grupo de 62 mujeres a las que se les han muerto los esposos en combate. El símbolo fueron las mariposas. Cada una de ellas, que venían de diversas partes del país porque sus esposos habían muerto aquí en el Putumayo,  liberó a una mariposa”.

Todo sucedió porque un señor del Ejército llegó a conocer el mariposario con la esposa, y como ambos eran sicólogos pensaron en hacer una terapia de apoyo con la ayuda de Mildred en Paway y así fue. “Muchas de ellas vinieron con sus hijos e hijas, otras ya tenían otros esposos, otras vinieron con sus hijos ya grandes y esos se involucraron en el trabajo” (terapéutico).

En el tema de la investigación Mildred es generosa. Cuenta qué especies salen de adentro de la selva a poner los huevos cerca de los ríos, qué se necesita para instalar un mariposario con una filosofía que críe especies para la observación, pero que tenga claro que debe regresar un porcentaje a la libertad del monte, para conservar  la biodiversidad de los territorios o lo que ahora se llama “ser amigables con el ambiente”. En el mariposario no se usan agroquímicos y el cuidado de las manos de mujeres hace que la reproducción sea mejor que en el monte, porque a los huevos les cuesta mucho sobrevivir de las hormigas, de las arañas, de todo lo que se los come.

El proceso

En el laboratorio se cuida cada paso. Hay un recipiente en el que están los huevos y a medida que salen las larvas las van ubicando cómodamente para que se conviertan en orugas. Todo se puede ver a través de cristales. Es normal que entre nueve y 10 podamos ver el instante en que de una especie de rollito de hojas secas, que no es otra cosa que una oruga que echó sus hilos de seda para colgarse, salen las alas de una mariposa. “Es como un parto. De la larva sale un líquido y van brotando las alas enrolladas, como arrugadas. Ellas se demoran una hora más o menos en estirar las alas para poder volar. Ahí es el momento en que eligen las que van para el mariposario y las que van a poblar la selva de colores.

Foto: Taína Trujillo C

“La oruga vive más que la mariposa y en ese tiempo hay que asear el espacio donde están, ponerles forraje fresco porque todos los días cada una se come una rama grande”, tamaño amazónico, agrego yo.

Mildred estudió Ingeniería agropecuaria en la Universidad del Cauca, lo aclara con sonrisas porque sabe que pensamos que era bióloga, como casi todo mundo.  Tuvo que esforzarse para hacer que su pasión por las mariposas se tradujera en un proyecto productivo y lo hizo de tal manera que de su dedicación salen ideas para proponer trabajo, que es un pilar para construir paz desde uno de los territorios más azotados por la violencia, porque Putumayo tiene petróleo, tiene minas, hay guerrilla, hay paramilitares y hay ejército. Todo a puños.

En cuanto al tema del empleo para  exguerrilleras y exguerrilleros, Paway ofrece opciones. “Qué mejor que los guías de Paway sean hombres que conocen la selva, que saben cuidarla, porque si ahora no rompen una rama para que el Ejército o los paramilitares no los ubique aquí pueden enseñar a cuidar el entorno como ellos saben”, a poner para la paz cosas que aprendieron en la guerra, la tarea que todo el país necesita que hagamos.

La visión de Mildred navega en el mundo. Ella sabe que países como Alemania compran especies de mariposas que allá no se crían, que compran las larvas y hacen el proceso de cría para poder exhibirlas después en espacios adecuados para ello. Sabe que Perú lo hace muy bien. Que el embalaje de larvas es muy sencillo, que se hace una especie de camitas de acuerdo al tamaño para que viajen cómodas y que hay unas especies que pueden venderse mejor que otras por varias razones, entre ellas el tiempo de vida.

Mildred aprendió la lección. Hizo un proyecto productivo con las alas de la mariposa que tanto ama y a la vez está abriendo caminos para la paz con la generosidad que necesitamos en cada habitante de nuestra Colombia: ella está dispuesta a enseñar y replicar su experiencia en otras zonas del país que sean aptas para este tipo de trabajo. ¿Qué comunidad se apunta?

http://www.revistala13.com/alas-de-mariposas.html

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